LA INVASIÓN DE LOS MESTIZOS
Magazine. La Prensa Edición no 40. 14 de Agosto del 2005, ago 14, 2005
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Miles de mestizos de la región del Pacífico de Nicaragua avanzan cada día como colonizadores, hacia la Costa Caribe, un territorio olvidado por el gobierno de Managua desde que lo recuperó, de manos inglesas, hace más de cien años. Las autoridades del Pacífico aún desconocen con exactitud cuántos habitantes hay en la Costa y los mestizos todavía suponen que allí hay una reserva de riquezas inagotables.
Un indígena ulwa y su familia navegó un día río abajo en busca de comida y al regresar tres meses después los ?españoles? habían construido una casa en su territorio y le habían quitado todo lo que poseía.
El indígena relato su drama en 1962 a un historiador, pero el despojo que el sufrió de forma inesperada hace décadas se repite ahora, cada día, en las comunidades miskitas, ulwas o rama en la Costa Caribe de Nicaragua, sin necesidad de que sus habitantes se alejen más de un día.
En las calles calurosas de Bluefields la idea ?invasión? de los mestizos (?españoles?, les dicen los nativos) tiene imágenes reales: campesinos con sombreros vaqueros y botas de cuero altas hacen diligencias en el comercio, donde antes predominaban los rostros negros, las cabelleras crespas y las conversaciones en inglés creole.
En la década de 1970, alrededor de Bluefields sólo había 14 o 15 comunidades rurales mestizas, según los recuerdos del obispo católico Pablo Schmitz, quién llegó a esa ciudad caribeña en 1970. Tres décadas después, hay mas de 50 asentamientos de inmigrantes que han llegado del otro lado de Nicaragua, de la franja del Pacífico.
Igual ocurre al norte de la Costa donde, además de la hambruna, aumentan los pleitos por la tierra. Entre los poblados de Rosita y Bilwi, en un trecho mayor de cien kilómetros, ?hay confrontaciones entre los indígenas dueños de la tierra y los colonos mestizos y puede haber hasta muertes?, lamenta el pastor moravo Gonzalo Paiz.
El afán de los ladinos por colonizar las tierras caribeñas comenzó hace 111 años, con la Reincorporación de la Mosquitia, cuando el gobierno de José Santos Zelaya ordenó recuperar la mitad del territorio de Nicaragua que estaba en manos de Inglaterra y lo administraba un rey de la etnia miskita.
Los descendientes de los pobradores del Caribe que fueron obligados en 1984, por la fuera de las armas, a obedecerle al gobierno mestizo de Managua, sienten hoy que esa anexión todavía marca vida de la última generación.
?Yo quiero ser así como soy y que el resto de los nicaragüenses me respete?, dice Brooklyn Rivera, indígena miskito que hace 24 años se alzó en armas contra el gobierno sandinista reclamando el derecho de su etnia a hablar su propia lengua y vivir de acuerdo a su tradición cultural.
Las aldeas miskitas han padecido en distintas épocas la invasión de la gente del Pacífico que busca madera o tierras. ?Los mestizos tienen problemas sociales y económicos; no son culturales, no son históricos como los nuestros?, comenta Rivera.
Medio millón de habitantes de la Costa son mestizos. Ya son la mayoría y eso verifica ?la reducción proporcional creciente de la población indígena, afro descendiente (negros) y las comunidades étnicas que se identifican como costeños, indica el Informe de Desarrollo Humano 2005 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El aumento de la población mestiza es consecuencia del desplazamiento masivo de inmigrantes del Pacífico en los últimos quince años; una expansión acelerada de la frontera agrícola y ganadera que está empujando hacia el mar a los indígenas mayangnas (sumus), miskitos, ulwas y rama, a los garífunas y los criollos, cuyo espacio ha sido una costa que abarca el 52 por ciento del territorio del país.
En Bilwi, pequeña ciudad portuaria al norte del Caribe nicaragüense, un pescador miskito sonríe al escuchar a un funcionario del PNUD que trata de explicar la historia y los problemas actuales de este territorio. De pronto estallan en carcajadas, y él y decenas de personas más, al oírle decir que un senador había pedido el rescate espiritual de los costeños.
Eso sucedió en 1933. El senador de la República de Nicaragua, Carlos Cuadra Pasos, expuso en el Congreso que faltaba la reincorporación espiritual de los habitantes de la Mosquitia, indígenas o creoles.
Cuadra consideraba necesario ?cultivar el espíritu de la cultura que hemos recibido, cultura católica y española...para que florezca en un nacionalismo sano?.
Sin embargo, siete décadas después la convivencia ha sido otra. Religiosos moravos y católicos caminan juntos en Bilwi y Bluefields. ?La vigilia de Pentecostés la celebramos juntos- dice el obispo Schmitz para demostrarlo-. Trabajamos por el bien común y no existe espíritu de conquista del uno al otro, hay respeto mutuo?.
El reverendo de la Iglesia Morava, Oliver Hodgson, asiente con una sonrisa. Los primeros evangelizadores en la Costa Caribe fueron los misioneros moravos que llegaron en 1849, y la mayoría de sus feligreses procede de las comunidades miskitas, mayangnas y creoles. El catolicismo entró después, en 1915, y se difundió entre los mestizos, a los que la Iglesia Morava nunca trató de conquistar. Pero, desde 1960 las dos iglesias trabajan juntas ?guardando cada una su identidad?, afirma Schmitz.
Galio Gurdián, un estudioso de las contradicciones sociales en la Costa caribeña, lamenta que entre los informes oficiales esparcidos en su escritorio haya pocos datos actualizados. Los censos no son exactos y espera que el último, recién hecho por el Gobierno Central, indique cuántos en realidad son los costeños y a qué etnia pertenecen. Hay comunidades donde los líderes aseguran que viven mil familias y las estadísticas gubernamentales reflejan la mitad o menos, porque en los censos anteriores faltó visitar algunos sitios y sólo hicieron proyecciones.
Para los caribeños, un nuevo problema por confirmar con estadísticas es el aumento de la población mestiza en su territorio, que según el informe del PNUD ya es mayoría por el avance de la frontera agrícola, las miles de familias que van del Pacífico al Caribe botando la selva para convertirla en potreros.
Otro problema, la droga que entra por el Mar Caribe a través de traficantes de Colombia, está destruyendo a familias enteras en las comunidades indígenas y creoles, según ha constatado el superintendente de la Iglesia Morava, Steadman Bent.
Entre la pobreza, la drogadicción y la presión de los inmigrantes de la frontera agrícola ?nos sentimos como ciudadanos de segunda?, enfatiza Bent, quien asegura que ?muchos costeños? mueren por falta de atención médica.
El Indice de Desarrollo Humano 2005 en la Costa Caribe le da un rango de 0.466 a la Región Atlántico Norte (RAAN) y de 0.454 a la Región Atlántico Sur (RAAS). ?Más bajo no puede ser?, dice Galio Gurdián, quien dirigió la investigación.
En Bluefields, el agrónomo Johnny Hodgson ve el problema como consecuencia de políticas gubernamentales: ? El estado empuja a la gente pobre a la Costa. Los trabajadores del café que hacían plantones (al norte del país) en su mayoría está ahora en Kukra Hill, en el Caribe sur.
La Iglesia Morava fue un obstáculo para el gobierno de Managua tras la Reincorporación de la Mosquitia, porque las autoridades querían imponer el español como lengua oficial en toda la Costa Caribe, mientras los moravos, que controlaban los colegios, peleaban por la enseñanza en inglés, la lengua materna de miles de criollos. Medio siglo después el presidente Anastasio Somoza García (1937-956) informaba al Congreso de la República que en la Costa ?estaba planteado el problema de la nacionalización del idioma?, pero ?el muro de una resistencia pasiva por parte de los colegios protestantes y de un fuerte núcleo del elemento criollo, se empeñaban en paralizar la obra misma?.
El gobierno del Frente Sandinista (FSLN) también quiso imponer el español como idioma único, al pretender en 1980 hacer la alfabetización en el Caribe sólo en español. Esto provocó la protesta de las organizaciones locales, incluida la alianza indígena Misurasata, liderada por Brooklyn Rivera, has que consiguieron una alfabetización en lenguas nativas en ese territorio.
Hoy, los derechos étnicos de los habitantes del Caribe están protegidos por la Ley de Autonomía, aprobada en 1987 y reglamentada hasta hace un año. Sin embargo, a medida que la nueva población mestiza crece en esta región, la Autonomía pierde terreno.
En la Costa hay 626 mil habitantes, según datos oficiales, pero cerca del 76 por ciento ya es de origen mestizo y habla español. Esto ha convertido a 9 de los 19 municipios en ?unidades administrativas monoétnicas?, dominadas por mestizos, lo que podría, lo que podría impedir que la Ley de Autonomía garantice la convivencia y representación de las diferentes etnias, en especial las minorías, revela el Informe de Desarrollo Humano 2005.
En Tasba Pauni, comunidad donde conviven miskitos y criollos, nació Phillip Montalbán en 1959. Una de las canciones que él suele cantar ahora, acompañándose de la guitarra eléctrica, dice ?we want autonomy, we need autonomy...? Cuando era niño aprendió el arte de la música en la escuela dominical de la Iglesia Morava, a la que también acudía Norman Bent.
Montalbán y Bent tomaron caminos distintos. El primero se convirtió en músico profesional en Bluefields y el segundo se hizo pastor moravo y hoy es el procurador especial para los pueblos indígenas. Además de cantar, Montalbán tiene su propia opinión sobre la Autonomía. ?Managua no va cambiar nada por nosotros?, afirma. ?Hagámoslo nosotros; no podemos esperar y pedir y esperar...? Se refiere a superar el atraso, porque el Caribe es uno de los territorios más pobres de Nicaragua, donde 12 de los 19 municipios están e extrema pobreza, aunque tiene reservas de bosque, ríos caudalosos y bancos de mariscos en su litoral.
Mirna Cunningham, impulsora de la Autonomía desde los años ochenta ve posibilidades de que la Costa resurja, a pesar de que la legislación ha sido aplicada con lentitud, porque la región ha formado profesionales y técnicos propios en la Bluefields Indian Caribbean University (BICU) y la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe (URACCAN).
?La Costa enseña hoy que tiene capacidades, que en medio de las carencias, tiene potencial en recursos humanos, tiene capital social?, explica. ?El índice de desarrollo humano es bajo, pero las fortalezas están en la capacidad de construir de la sociedad; porque la Autonomía no se construye sola, sino en conjunto?.
En 1934, el senador costeño Horacio Hodgson presentó al Congreso de Nicaragua, un informe destacando que el Departamento de Zelaya (Costa Caribe) ?carece de buenos caminos, puertos modernos, de sistema telefónico y servicios adecuados de hospitales...Bluefields no tiene nada y produce la tercera parte de las rentas nacionales?.
Setenta años después, más del 70 por ciento de los costeños considera que la producción y explotación de los recursos naturales de su región sólo benefician a otros y al país; y apenas el 11 por ciento cree que favorecen a las comunidades o municipios costeños, precisa el estudio del PNUD.
Previo a la Reincorporación de la Mosquitia, los fiscalizadores del Gobierno Central estaban animados por conquistar una tierra con riquezas. El inspector Manuel Gross, en su informe de mayo de 1868, decía de los nativos del Caribe que ?el único trabajo que a ellos les gusta, es el del agua, como lo es de subir y bajar los ríos con las canoas...?. Por eso pidió ?que el Supremo Gobierno se digne proteger una inmigración ya sea de extranjeros o de hijos del país, empresarios en agricultura o crianza de ganados? para ?explotar estas riquezas que por ahora están inermes y muertas para el país?.
Sin embargo, el resultado fue desagradable para los costeños, tal como indicó el senador Hodgson 40 años después de la anexión: ?Desde la Reincorporación de la Mosquitia aquí ha existido la más destructiva explotación de los recursos naturales de este departamento por concesionarios extranjeros que han operado en esta región, y astutos especuladores que han venido del interior de la República...Grandes empresas extranjeras que trabajaban en esta costa han violado las leyes del país de muchas maneras...?
Luego llegaría la colonización de tierras, a través del Proyecto Rigoberto Cabezas (Prica), financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que promovió el asentamiento campesino mestizo de Nueva Guinea en la década de 1960. Es lo que se conoce como la primera ola de ?chontaleñización? de la Costa Caribe.
Los migrantes mestizos siguen llegando a la Costa, algunos con la idea de que ésta tiene riquezas naturales inagotables. ?Ya están cerca de Kukra River, Río Kama, Torswani? dice monseñor Pablo Schmitz.
Johnny Hodgson, quien ha visto cómo talan o queman el bosque los precaristas procedentes del Pacífico, sugiere: ?Esos campesinos necesitan educación para que puedan entender la Autonomía?.
La ley le otorga derechos a los costeños sobre sus recursos naturales, pero en realidad ?el 80 por ciento de la gente (mestiza) no sabe qué es la Autonomía, porque vinieron de Chontales o Waslala (el centro del país)? recuerda Schmitz.
Mientras, en Managua, las autoridades están indagando, todavía, cuánta gente autóctona vive en la Costa Caribe; la misma labor que comenzaron hace 137 años cuando el inspector en la costa norte, Manuel Gross, informó al Gobierno Central: ?He comenzado a tomar el censo del número de moscos e indios, pero como éstos están tan diseminados se necesita de un tiempo bastante regular para hacerlo...?
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